Queridos reyes magos:
Cuando era chica (cosa que sucedió durante el siglo pasado) esperar a los reyes magos era uno de los acontecimientos más importantes de la vida, juntábamos pasto y un fuentón de agua para los camellos, además de dejar algo de comida y jugo para los tres muchachos con corona. Los zapatos eran los más lindos que teníamos. Nunca esperamos a Papa Noel, a él no lo nombran en la Biblia y por consiguiente no era alguien real, lo que decía la Biblia era (también en el siglo pasado) palabra santa.
A la mañana siguiente la alegría nos embargaba y llenos de emoción bajábamos la escalera, para ver si habían pasado. También verificábamos que hubieran tomado el agua y comido algo, se sabía que tenían que recorrer todo el mundo. Claro el mundo en ese entonces era algo pequeño como nosotros.
Un día dejamos de ser pequeños, pero no queríamos hacerlo, entonces mentíamos y seguíamos creyendo que sí lo éramos. Una mentirita piadosa, solo por no romper la ilusión de nuestros padres, de seguir siendo sus niños.
Pero ya sabíamos la verdad y por mucho que disimuláramos o que aprovecháramos tal situación, ya nada volvería a ser igual.
Con esas verdades que en un principio desilusionan y en otros momentos nos hacen sentir idiotas, también se iba yendo nuestra infancia con sus mundos.
Hoy, ya adultos (al menos por los años que tenemos) algunas veces seguimos eligiendo no saber, o hacernos los idiotas y hacer como que no sabemos. Pero no se puede, las verdades laten y tarde o temprano salen a la luz. Los mundos que creamos cuando somos niños no son más que eso, un juego de niños.
De todas maneras tengo ganas de dejar los zapatitos por si vienen los reyes, pero esta vez quiero pedirles cosas tan intangibles como ellos mismos, algo más de felicidad, mucha más creatividad y sólo para algunas ocasiones un poco de cordura.


perdidaydesdichada dijo
pero está adelantado! :)
6 Enero 2007 | 01:04 AM