Hoy, como para calmar las ansiedades que me acechan, salí del trabajo y me introduje rauda en una librería de la ciudad. La idea era, como suele ocurrir cuando voy a un lugar así, comprar un libro. La decisión fué rápida y el elegido: “La furia”, de Silvina Ocampo (nombre que tal vez tenga que ver con el día que atravieso). Al regresar a casa con el paso lento debido al calor sofocante que se ha posado sobre nosotros repasé mentalmente si alguna vez había comprado un libro escrito por una mujer. Por más ejercicio de la memoria que haga, creo que ese hecho ocurrió por primera vez hoy 12 de diciembre del año 2006. No es que no haya leído literatura femenina, (los libros de Ludovica no cuentan) ahora recuerdo el libro “Deseo” de Elfriede Jelinek, pero ese me lo regalaron y no fué hace mucho tiempo. Miro de reojo mis discos y allí tampoco están las mujeres, por lo menos no en formato original. Todas están copiadas.
En el cyber espacio me pasa lo mismo, los blogs que leo con mayor asiduidad son escritos por hombres, algunas veces ni siquiera opino en ellos porque me siento abrumada por la calidad de lo publicado. Muchachos no teman los leo en silencio y de vez en cuando les comento algo.
Lo cierto es que la mayoría de las veces me gusta más lo masculino que lo femenino. Prefiero el año nuevo a la navidad. Los reyes magos a las hadas madrinas. El café a la leche. El pan a las galletitas. El beso a la bofetada. Los encuentros a las despedidas. Los segundos intensos a las horas interminables.
Las únicas que pueden colarse son la noche y la luna, pero eso sí, deben venir acompañadas por un hombre que se quede a dormir conmigo.