En el nombre del padre
Su padre llegó huyendo de la primera guerra mundial, aquí conoció a Paula y juntos lo tuvieron a él, su primogénito, un 7 de octubre del año 1928. Su infancia transcurrió en los conventillos de La Boca, causa impresión cuando cuenta que jugaba al fútbol donde hoy está construida la Avenida Nueve de Julio, todo esto no existía suele repetir cada vez que transita por esos lados. De niño integró coros juveniles, cuando hizo la primaria existía hasta el 6to grado y hasta ahí estudió, siempre con pantalones cortos. Su voz privilegiada lo llevó a cantar en la Orquesta de Sebastián Piana. Con ellos salió de gira y así conoció Mar del Plata. También estuvo cantando el día que se inauguró Canal 13. Mientras tanto y como muchos tenía que seguir trabajando para poder mantenerse porque es sabido que nadie vive del arte.
Pasaba gran parte de su tiempo con su amigo Coco y su mujer Paloma, a él lo conocía desde los coros juveniles. Sus hijos lo llamaban tío porque estaba siempre con ellos. Los años pasaban y Roberto parecía no sentar cabeza. Paloma como buena Celestina empezó las tratativas para conseguirle una mujer. Y así fue como le presentaron a la maestra particular de sus hijos, 14 años menor que él. El noviazgo fue corto y al año y medio estaban casados, el festejo se llevó a cabo, como no podía ser de otra manera, en la casa de Coco y Paloma, hacedores de tan maravillosa unión. “ El amor más grande que conocí, sin querer un día pasó por mi”.
Al casarse, decidió dejar de cantar, el mundo del tango traía consigo, cosas de las que ya no quería participar. Ahora era el tiempo de formar una familia, tuvieron 2 niñas y un niño. La vida no resultaba fácil y cada peso ganado era gracias al esfuerzo de ambos. De todos modos siempre había espacio para llevar a los niños a algún espectáculo o a comprar un globo con formas cerca del zoológico.
Su gran pasión seguía siendo la música y era una fiesta cada vez que compraba un cassette o un disco nuevo. Los niños se sentaban como chinito frente al equipo de música sosteniendo su cara con las manos.
Las vacaciones también tenían lo suyo, las primeras eran en Camping, y con sándwich de milanesa, con el fitito abarrotado de baldes y palas para construir castillos de arena. Alguna noche una ficha en los jueguitos electrónicos y un helado pequeño, motivos más que suficientes para ser felices.
Y las idas al cine, las películas más recordadas son E.T, y un tiempo después algo que cambiaría la visión del cine de una de sus hijas “Amadeus”.
Y el trabajo en Astillero Río Santiago, y los compañeros desaparecidos y la toma de la fábrica en los primeros años de democracia y el retiro voluntario y las manos partidas, y los amigos que ya no lo acompañan y el seguir trabajando después de jubilarse, pintando casas o haciendo de capataz en alguna obra.
Hoy, con 78 años, sigue subiéndose a los colectivos para visitar a sus hijos, sigue trasnochando para ver algo de teatro, sigue cantando en los cumpleaños y sigue haciendo que cada día me sienta más orgullosa del padre que tengo.


manuco dijo
Muy lindo.
No sólo como está escrito, sino por poder tener y quere así a una persona tan importante en la vida de todos.
Saludos (extensivos a él)
27 Noviembre 2006 | 04:52 AM