Sí, siento ganas de llorar.

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros, llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología llorando. Festejar los cumpleaños familiares llorando. Atravesar el Africa llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Oliverio Girondo.

Y escuchar el dulce sonido de un bandoneón y seguir llorando.
Me hubiera encantado subir el tema de Fernando Samalea “ Si dios quiere” del compilado 1997/2003, pero no puedo, estoy ocupada llorando y escuchando.